martes, 22 de septiembre de 2009

Cuadro de Honor-Mamoru Oshii









Comenzó a interesarse por los mundos de la ciencia ficción, en cualquiera de los ámbitos audiovisuales, desde muy joven. Rodó varios cortos en 16mm como puro entretenimiento antes de pasar al campo profesional. Tras finalizar sus estudios cinematográficos, comenzó en la industria de la animación trabajando para el estudio Tatsunoko Productions a mediados de 1977, debutando como asistente en la serie Ippatsu Kanta-kun.

En 1980 ficha por el entonces desconocido Studio Pierrot, encargándose de la serie Nils holgerson. Oshii colabora también como guionista en otras series y películas, destacando los dos largos de animación de la saga Urusei Yatsura, creada en manga por la conocida Rumiko Takahashi. Oshii presenciaría de primera mano la aparición de un nuevo sistema de venta de animación: el OVA (Original vídeo Animation), considerado una revolución dentro de la industria por las nuevas y enormes posibilidades que abría. Fue el Studio Pierrot quien ideó este nuevo sistema, y Mamoru Oshii tuvo el honor de dirigir el primer producto lanzado en ese formato: Dallos, una miniserie de cinco capítulos, que se considera la primera obra con el sello personal de Oshii. Su argumento, oscuro e inquietante, nos sitúa en un futuro en que la Luna se encuentra ya colonizada y explotada por el hombre, y un grupo revolucionario de selenitas comienza una lucha por la mejora de sus condiciones de vida frente al gobierno de la Tierra, quien a su vez pretende ocultar los secretos de una estructura extraterrestre, una estación espacial llamada Dallos.

Desde ese momento, Mamoru Oshii se convirtió en un referente. En colaboración con Studio Deen guionizó y dirigió en 1985 otro OVA de gran calidad: Tenshi no Tamago, una obra experimental y confusa pero altamente recomendable, que contó con los diseños de Yoshitaka Amano. Dos años después dirigió otras dos historias en formato OVA sobre extrañas desapariciones de personas en Tokio: Twilight Q. A continuación decidió entrar en el campo de la películas de imagen real, con Akai megane (Las gafas rojas), que ya dejaba entrever el mundo de ciencia ficción complejo y fascinante de sus siguientes trabajos.

A partir de 1988 se produce su definitiva consagración, con una saga que alcanzó prestigio mundial gracias a él: Patlabor. Oshii se encargó de dirigir las dos películas, además de las 6 primeras OVAs. Los largometrajes de Patlabor son dos de los mejores trabajos de su carrera, y figuran entre las mejores películas de anime de la historia, gracias a una trama adulta, llena de detalles de genialidad y uniendo los avances y los conflictos del mundo futuro con tramas políticas y personajes extremos. Además, en esos años todavía tendrá tiempo de cambiar de registro y dirigir la parodia Gosenzosama Babbanzai!, en 1989. Otro de sus proyectos más extensos fue Kerberos Panzer Cop, del que ideó una historia múltiple, plasmada en primer lugar en el guión del manga del mismo nombre, que contó con los dibujos de Kamui Fujiwara. La historia recreaba un futuro alternativo en que Japón padecía convertido en un estado policial, con un gobierno totalitario que emplea una fuerza de represión brutal frente a las revueltas y al crimen. A continuación, el propio Oshii adaptaría su guión a imagen real en tres películas: Kerberos Panzer Cop, Stray Dog y Talking Head. En 1998, además, colaboraría en el guión de Jin-Roh, un largo de animación dirigido por Hiroyuki Okiura e inspirado en la obra original.

Llegados al año 1995, Mamoru Oshii fue reconocido internacionalmente gracias a la superproducción Kōkaku kidōtai -Ghost in the Shell-, un increíble largometraje que generó una admiración por la animación japonesa en todo occidente. Basado en la obra homónima de Masamune Shirow, el universo de GITS representa un paso adelante en la imaginería visual y creativa de la ciencia ficción: La profundidad de esta obra merecería un artículo aparte, en el que analizar los conflictos que planteará la evolución humana, la creación de nuevas formas de inteligencia y la búsqueda por parte de éstas de su “alma”. Antes de retomar la trama de GITS, Oshii idearía una obra multimedia, que abarcaba gran parte de los métodos de entretenimiento: Blood, the last vampire. Esta historia de vampiros evolucionados muestra la cara más comercial de Oshii, y su capacidad de innovación al plantear una historia que no se desvela en un solo formato, sino que va aclarándose con cada uno de sus “componentes”: una serie de novelas (escritas por Junichi Fukisaku), la película de animación (dirigida por Hiroyuki Kitakubo), el manga (de Kenji Kitayama y Benkyo Tamaoki) y el videojuego para PlayStation 2.

Si con Ghost in the Shell, Mamoru Oshii se había Ganado la admiración en el campo de la animación, lo mismo sucedería en el terreno de la imagen real con el largometraje Avalon, en 2001, alabado a partes iguales por la crítica más conservadora y su público. Desde la estética de la película hasta la confusión paranoica que experimentan sus protagonistas, todo hace de ésta una parte decisiva de la ciencia ficción del nuevo milenio, influida por el cada vez más difuso límite entre lo virtual y lo real. Hay que destacar el ritmo pausado, casi poético de sus imágenes, y la elegancia y solemnidad de su banda sonora. Consciente del impacto que Ghost in the Shell sigue teniendo entre los aficionados a la buena ciencia ficción, Oshii decidió extender ese universo, pero otra película no parecía suficiente para abarcar su proyecto. Así, mientras se dedicaba a fondo a la preparación de Innocence, la espectacular continuación cinematográfica, también aportaba argumentos que se pudiesen plasmar en una serie de animación. La primera temporada de la serie comenzó en 2003 bajo el nombre GITS Stand Alone Complex: en cada uno de sus 26 episodios de 25 minutos de duración se iba conformando un argumento que poco tenía que envidiar en cuanto a calidad y profundidad a sus versiones en la gran pantalla. El enorme éxito de la serie y su posterior edición en DVD propiciaron su continuidad en una segunda temporada (2nd GIG) que incluso supera en calidad tanto técnica como argumental a su predecesora.















Ghost in the Shell II: Innocence, con un desorbitado presupuesto de 2500 millones de yenes, se estrenó en los cines japoneses en la primavera de 2004. Se trataba de una de las películas más esperadas de lo últimos años, y su calidad superó expectativas. En occidente se presentó en la mismísima Sección Oficial del Festival de Cannes 2004.

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